
La primera vez que veía a Springsteen con la E Street Band tras tres conciertos con la Seeger Band. Por comentarios, el del domingo tal vez no fuera uno de los conciertos más memorables de Bruce, pero aún así con unos 500 años a sus espaldas, los ocho miembros de la “E Street Band corregida” (en lugar de Danny Federici estaría Giordano quien ya acompaño a Bruce en su anterior gira con la Seeger Sessions Band, y en lugar de Patti, fue Suzie quien se encargó de los coros) dieron un concierto magnífico.
Y yo disfruté como una enana.
Habrán otros mucho mejores, pero si se ve por primera vez a Bruce junto a la banda se puede flipar, den el concierto que den. Es una visión increíble observar a 15.000 personas cantando al unísono -incluso las canciones de su último disco-, mientras todas las luces del Palacio de deportes de Madrid están encendidas y la gran marea humana en que se convierte la pista alza sus manos apoyando cualquier movimiento del grupo.
A pesar de todo creo que me quedo con la sensación de gritar “This is a town full of losers, and I pull out here to win” en Thunder Road; o “I wanna spit in the face of this badlands” en Badlands. Aquí va un ejemplo:
Lo peor de todo, sin duda, la organización. En los conciertos de Springsteen las colas van por listas según las puertas que haya, y a los primeros de cada una de ellas se les asigna una pulsera para entrar en la zona vip, la más cercana al escenario. El domingo, llegando a las 9 de la mañana, tras pasar un frío del carajo y teniendo un número envidiable apuntado en el dorso de la mano, tan sólo pudimos verlo desde detrás de la valla de esa misma zona vip. Mientras tanto, compañeros que habían llegado sobre las seis de la tarde entraron sin ningún apuro a la parte delantera del escenario debido a que en su fila repartieron pulseras a diestro y siniestro. Nuestra fila se quedó la última.
Pero mereció la pena después de todo.
